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User / Nana ;-))
Nana / 301 items

N 256 B 4.6K C 151 E Apr 17, 2020 F Apr 17, 2020
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Un relato emocionante y mágico de Pascual que nos adentra en los secretos de la Alhambra....no dejeis de leerlo!!

"Como vigilante nocturno de la Alhambra de Granada, tenía el deber y obligación de no dejar ningún espacio sin revisar, que para eso me pagaban; así que, muy a mi pesar encaminé mis pasos hacia la Rauda, el Cementerio Real. Jardín privilegiado donde reposaban los restos mortales de los Príncipes y Sultanes granadinos.

Como nunca fui de visitar cementerios, procuraba estar el menor tiempo posible en este lugar por muy de la realeza que fuera.

Siempre me hacía la misma reflexión: por muchísimo que viviéramos lo ínfimo e inapreciable que sería en relación al tiempo que estaríamos muertos. Y de nada servían los oropeles, la fama, ni el poder ni la riqueza que hubiéramos tenido en vida para eludir nuestro destino final; la muerte.

Con el ánimo encogido al pensar en todo ello, escuché aquel ruido. Agucé mi sentido del oído y, efectivamente, al fondo de la Cripta Real, algo sonaba muy fuerte. Dirigí mi potente linterna hacia allí y me fui acercando lentamente. No podía ser cierto lo que estaba viendo. Había una pequeña puerta cuya jamba se abría y cerraba estrepitosamente como impulsada por una corriente de aire.

¡Allí nunca existió puerta alguna! Lo juraría hasta en el día del Juicio Final. Tragué saliva repetidas veces. Mis ojos no mentían: había una puerta abierta. Saqué mi arma reglamentaria de la funda. Por primera vez en mi vida. La ocasión lo requería. Debía de averiguar qué estaba pasando.

Estaba alarmado y un tanto azarado, la verdad, nunca me había visto en una situación así. El trabajo de vigilante nocturno en un lugar como éste siempre era pura rutina, nunca pasaba nada.

Recordé los presentimientos que tuve al iniciar mi ronda. Primero fue la luna, que titilaba como en clave de Morse; ahora esta puerta.

Una débil luz iluminaba una estrecha escalera que parecía perderse en las entrañas de la Cripta.

Me armé de valor y fui descendiendo con todos mis sentidos en estado de máxima alerta. El aire que respiraba era fresco y no olía a moho ni colgaban telarañas de las paredes. Los escalones parecían no tener fin. Escuché entonces unos sonidos a mis espaldas y al volver la vista atrás me di cuenta con espanto que la escalera desaparecía conforme iba bajando. ¡No podía retroceder!

Apresuré mis pasos cuanto pude y al cabo de ni se sabe el tiempo, encontré una estancia al menos del doble de tamaño que el comedor de mi casa.

Una suave luz ambarina iluminaba el lugar. El suelo estaba cubierto por una alfombra con el dibujo de la Alhambra grabado en riquísimo terciopelo. Un par de fastuosos divanes de preciosas telas y unas sillas haciendo juego con una mesa de madera de sándalo componían todo el mobiliario. Un agradable perfume a cítricos flotaba en el aire.

Desapareció entonces, súbitamente, la puerta por la que había entrado. ¡Estaba atrapado sin posibilidad de escapar!

Fue cuando descubrí, en un ángulo del aposento, una esbelta figura, a primera vista femenina. Era una mujer. Devolví el arma a su funda y la observé detenidamente. Iba ricamente ataviada con el atuendo que solían llevar las nazaríes de alta alcurnia que había visto en grabados y reproducciones de la época. No lucía joya ni abolorio alguno y calzaba unas decoradas chanclas de cuero fino y vivos colores. Cubría todo su rostro un tupido velo. Tan bellas y aparentes prendas supuse serían de seda, dejando bien a las claras la calidad del personaje que tenía enfrente. ¿Quién sería y cómo había ido yo a parar allí y por qué?

Ante mi sorpresa, comenzó a hablarme. Su voz era suave y melodiosa, aunque en un idioma incomprensible para mí y que deduje era árabe.

- Bienvenido seas, extranjero. Un azar desconocido y caprichoso te ha traído a este lugar, ante mi presencia -me dijo en perfecto castellano ante mi reiterado silencio.

- Antes de saber mi nombre conocerás una historia que comenzó cuando mi padre, el gran Kabil-Al-Aram, era Sultán del Reino de Granada. Gobernó con prudente sabiduría y pulso valiente y decidido para contener el avance cristiano y resolver las intrigas palaciegas que amenazaban su reinado.

Desde mi enigmático nacimiento, mi vida se vio envuelta en el mayor e impenetrable de los secretos. Desde bien pequeña, las pocas sirvientas que tenían acceso a mi persona apenas se atrevían siquiera a rozarme, me miraban extrañamente, como si fuera una niña distinta a las demás, cual si estuviera distinguida por un sello, una marca que propiciara me sintiera objeto de culto.

Poco antes de presentarme oficialmente a la Corte y supiera la verdad de cuanto debía saber y desvelar todas las dudas que embargaban mi espíritu, mi padre me dijo:

"Hija mía, como bien sabes un Sultán tiene un harén con muchas concubinas para su placer. Lo que pocos conocían era que yo solamente yacía con Halina, a la que amaba e hice mi esposa. Pertenecía a la casta de las Narinas, mujeres de tan singular belleza que no tenían parangón en todo el vasto Reino de Granada.

Un aciago día falleció de una extraña enfermedad y todo mi ser y mi alma se apagó para siempre, pues ella era mi felicidad y la razón de mi existir. No me había dado el descendiente que ocuparía mi trono a mi muerte por lo que todo el Reino estaba inquieto ante esta circunstancia.

Una noche de luna llena en la que el sueño no me vencía sucedió un hecho extraño que guardo en mi corazón como el más grandioso suceso acaecido en mi vida. De improviso se abrieron las ventanas de mi alcoba y unos

deslumbrantes rayos lunares convergieron en un punto determinado frente a mi formándose poco a poco una figura humana.

Cuál no sería mi perplejidad y asombro cuando reconocí en ella a mi amada y añorada esposa Halina. Me puse a temblar ante aquel misterioso prodigio, sin dar crédito a lo que veían mis ojos. Era Halina, mi esposa, resplandeciente como la misma luna que la había traído hasta mi.

- Ven, esposo mío, yace conmigo esta noche que la Luna te pertenece.

Diciendo esto me tomó de la mano y sólo recuerdo que desperté con el sabor de sus labios en los míos y el tacto de su dorada piel palpitando todavía sobre la mía."

Mi padre, extranjero, me contaba todo esto estremecido, emocionado, cual si reviviera esos instantes otra vez. Me observaba sabedor de que yo intuía que había algo más.

"Pasó el tiempo, -prosiguió mi padre- y siempre en mi corazón el dulce recuerdo de aquella noche de amor con mi esposa Halina. Cuando menos lo esperaba, de nuevo otra luna llena abrió de par en par mis ventanas y una nube blanca inundó mis aposentos, si bien Halina no hizo acto de presencia. Apenas me repuse de la impresión oí un débil llanto. Sobre mi cama, envuelta en suave algodón, una preciosa niña me miraba. Eras tú. Habían pasado nueve meses.

Estuviste recluida en Palacio día y noche, tan sólo tu ama de leche y una sirvienta atendían tus necesidades.

Conforme crecías y cada vez que te miraba, contemplaba absorto y maravillado el mismo rostro de tu madre, eras idéntica a mi venerada Halina, el parecido era asombroso.

La noticia no pudo ocultarse durante mucho tiempo y la Corte y el pueblo entero del Reino de Granada se conmovió ante este hecho insólito que no tenía ninguna explicación razonable. Algunos hablaban de la voluntad de

Alá, de un milagro otros, y unos pocos entendieron un signo evidente de que la desgracia y el infortunio se apoderarían de Granada.

Todos querían ver a la hija del Sultán que por obra y gracia del mayor de los misterios apareció sobre su lecho una noche de luna llena."

Entonces entendí la especie de adoración que despertaba y el modo cómo mi padre se extasiaba al contemplarme y ver en mi al amor de su vida.

Fui presentada a la Corte del Reino y todos enmudecieron al contemplarme. No era yo a quien miraban, veían a la reencarnación de la esposa del Sultán Kabil-Al-Aram, Halina, la mujer más bella que nunca existió. Expresaron que éramos como dos gotas de agua, tal era la prodigiosa semejanza.

Días después recorrí las calles de Granada para que el pueblo nazarí conociera a la hija del Sultán y sentí el fervor y el afectuoso aliento de todas las gentes que en su día honraron y reverenciaron a Halina.

Mi nacimiento no solucionaba el problema de la sucesión del trono del Reino, al ser mujer. El Consejo Real presidido por mi padre deliberó largamente para solventar el dilema del próximo Sultán.

El amigo y Consejero Mayor de mi padre, Harum-El-Salami, propuso que debía desposarme con uno de los más venerables, poderosos y distinguidos miembros de la Corte y que éste fuese elegido por mi padre.

Aquello era un gran compromiso para él , pues todos eran fieles servidores de Alá y habían demostrado lealtad y fidelidad al Sultán y engrandecido el Reino de Granada con su espada y su hacienda. Un matrimonio era la oportunidad de que el Reino tuviera un heredero al trono y mi padre no podía negarse.

Se lo ocurrió entonces a mi progenitor convocar un torneo entre ellos y quien venciera se desposaría con su hija. Así, ninguno se sentiría agraviado

por su elección, lo cual era una salida honrosa a la enojosa tarea de elegir a uno de ellos.

Todo fueron protestas y desaprobaron la idea, pues la mayoría habían dejado atrás la juventud y plenitud de sus fuerzas y no estaban preparados para luchar en un torneo.

Mi padre lo entendió y sugirió que podrían designar a un representante que combatiese en su nombre. Aceptaron aliviados la nueva propuesta y así lo hicieron.

Entre los altos dignatarios destacaba por encima de todos, Abdul-Kabir, antiguo pretendiente de Halina y que siempre guardó rencor e inquina a mi padre por haberle preferido antes que a él.

Eligió para que luchase en su nombre a su primogénito, Kalil-Acqar-Alal, un despiadado y gran guerrero que había derrochado valor en el combate y era temido por los enemigos de Alá.

Ante la expectante incógnita de quién sería el vencedor y como era de esperar, ningún adversario fue oponente eficaz para el ímpetu de la espada de Kalil y, uno tras otro, fueron vencidos. Por lo tanto, su padre, Abdul-Kabir, era quien debería desposarse con la hija del Sultán.

Mi padre quedó consternado por este hecho, pues Abdul era un ser sin ninguna catadura moral ni escrúpulos y ya se imaginaba a su dulce hija convertida en una más de su Harén pavoneándose ante todos por el hecho de que gozaría de la hija ya que no pudo disfrutar de su madre.

Faltando dos días para los esponsales, irrumpió en mi alcoba con gran alboroto sin que nadie se lo impidiese, Kalil-Acqar-Alal, el hijo de mi futuro esposo.

Ardían en su mirada lasciva los deseos más impuros y denigrantes, la determinación que guiaba su desmedida lujuria e impudicia irrefrenables de poseerme a toda costa, sin tener en cuenta a su padre.

Pero yo era hija de una luna que una noche se tornó mujer para engendrar la hija del Sultán, mi padre.

El pobre mortal que pretendía avasallarme ignoraba el poder que yo había heredado de mi madre, la luna.

Así pues, me convertí en una luna oscura y tenebrosa, mis cráteres lunares fueron ojos recriminatorios y acusadores que se le clavaban como garras despiadadas en lo más profundo de sus entrañas y en su impía conciencia. Trémulo y aterrado, el pavor pintado en su rostro, salió huyendo como alma que lleva el diablo.

La repentina locura del hijo de Abdul-Kabir fue comentada por todos y en la mente de muchos quedó el convencimiento de que una maligna influencia obró aquella noche que intentó violentarme en contra de mi voluntad, y yo era la responsable de tal hecho, pues desde mi extraño nacimiento, nada era igual en el Reino. No hubo nieve ese año en Sierra Nevada y las tropas cristianas avanzaban cada vez más.

El trono de mi padre se tambaleaba por momentos y casi nadie se atrevía a mirarme a la cara.

La enajenación mental de Kalil no fue obstáculo para que su padre persistiera en el propósito de hacerme su esposa. Me rebelé contra la idea de ser una más en su Harén y convertirme en blanco de sus libidinosos caprichos.

Así se lo comuniqué a mi padre y lo comprendió, pues ese matrimonio sólo llevaría más dolor a su ya maltrecho corazón por la pérdida de su adorada Halina.

Como si fuera la respuesta a la comprometida situación en la que me encontraba, apareció en la Corte un desconocido y misterioso personaje que dijo llamarse Excelsius. Nadie supo dar razón de quién era ni de dónde provenía. Tan sólo expresó que el motivo de su presencia en estos

momentos tan delicados para mi, estaba motivado porque había visto mi Destino y el del Reino escrito en el astro lunar.

Ante tan enigmático mensaje, mi padre al principio lo tomó por falta de cordura y racionalidad. Pero algo en su mirada me decía que debía escucharle y que mi destino tal vez estaba en manos de aquel hombre.

Dijo que su único poder era conjurar el futuro y crear mundos paralelos que no existían todavía.

Perplejos quedamos mi padre y yo al no alcanzar a comprender el sentido literal de sus palabras. Nuestras dudas y resquemores supo disiparlas Excelsius y tras contar con la aprobación de mi padre me despedí de él y de mi Reino de Granada para siempre. Anegado mi corazón en llanto y mi alma en pena, me entregué a un nuevo y quizá caprichoso azar del destino.

Excelsius creó para mi este aposento en el que permanezco desde que abandoné Granada. No tengo necesidad de tomar alimentos ni sensación de hambre; tan sólo debo beber de la fuente que adorna mi jardín.

Merced a las Artes de Excelsius, no acuso el paso del Tiempo ni sufre mi cuerpo deterioro alguno; mi apariencia humana es la misma que cuando me despedí de mi padre y de mi vida anterior.

Las profecías de Excelsius fueron ciertas. Los ejércitos cristianos conquistaron el Reino de Granada y lo desposeyeron de su verdadera esencia, borraron para siempre todo su esplendor y magnificencia. Contemplé la muerte de mi padre en combate, defendiendo valientemente como uno más la tierra que le vio nacer.

Un quedo llanto y un profundo pesar atenazaron su garganta en las últimas palabras al relatar el fin del Sultán Kabil-Al-Aram, su padre, y la desaparición de todo cuanto constituía su pasado.

Como luna que soy también -prosiguió-, vislumbro por las noches el mundo que me rodea. Todo me resulta extraño y desconocido; las construcciones, las gentes, el paisaje ya no es el mismo, nada es reconocible para mi entendimiento.

Sigo tus pasos cada noche vestida de luna, extranjero, tu deambular por cada rincón de lo que queda de la Alhambra. Porque durante el día me retiro a descansar esperando iluminar de nuevo otro anochecer.

Cuando despunta el amanecer desapareces y vienen las hordas que invaden los Reales Sitios sin el menor miramiento.

Solo tú guardas respeto y veneración y llegas a vislumbrar el alma del Duende que todavía anida en Granada y sientes dentro de ti.

Por eso y porque el destino y la luna te trajeron hasta mí, bailaré para ti el Jarite, la danza de las Vírgenes de Alá que sólo la casta de las Narinas conocen.

Ante mis atónitos ojos aquella misteriosa mujer que me había mantenido en suspenso relatándome su historia, me deleitó con un espectáculo tan asombroso como extraordinario.

Sus brazos aleteaban cual Ave del Paraíso que busca alcanzar las nubes y su figura se movía cimbreante cual junco acariciado por suave brisa.

A veces quedaba suspendida en el aire, otras reptaba sibilina hacia mí hasta desvanecerse a mi vista. Movimientos y piruetas de danzarina prodigiosa que me tenían hipnotizado, sin perder un ápice de sus evoluciones.

Todo ello al compás de invisibles músicos que con laúdes, flautas, panderetas y otros instrumentos de cuerda y percusión, componían una melodía de armoniosa sonoridad.

Paulatinamente la cadenciosa música fue redoblando su ritmo e intensidad hasta que, para sorpresa mía, de súbito, cesó de bailar. Y se desprendió del velo que cubría su rostro.

- Soy Nana-ina, la última Princesa Nazarí.

Al instante sentí el hechizo de aquellos ojos negros que me escrutaban apoderándose de mi alma. De aquel rostro de tan indescriptible belleza. De sus labios del color de la granada madura. De la sonrisa que resplandecía en su mirada y me incitaba a perder la cordura.

Una especie de poderoso e imparable resorte me impulsó hacia Nana-ina y la besé. Enseguida me di cuenta de que era el primer hombre que la besaba y prendía su cintura. Tras su inicial sorpresa me abrazó con vehemencia y fundió sus labios con los míos.

De inmediato me sentí catapultado por una fuerza desconocida al espacio sideral. Un astro lunar, brillante y sonriente me acogió dulcemente y me llevó hasta el último confín del Universo estrellado. Saturno, Venus, Mercurio, Marte, Júpiter, Urano, Neptuno, planeta por planeta fui presentado, al igual que viajé por cada una de las Constelaciones que forman el inabarcable espacio exterior. Un majestuoso y absoluto silencio acompañó mi odisea de manos de Nana-ina transfigurada en Luna.

Una grandiosa energía me tenía atrapado en ese beso que me desintegraba en mil pedazos y ella diseminaba en cada uno de sus cráteres en las diferentes fases lunares. Conocí su Cuarto Menguante y Creciente, su Nueva y Llena plenitud, asistí a sus eclipses y cuando finalmente me asentó en su superficie, pude contemplar el planeta Tierra desde mi privilegiado lugar.

Me mostró el poder que ejerce su gravedad en las mareas, en el clima, me habló de la influencia que tuvo en el inicio de la vida terrestre, en su comportamiento. Me sentía un niño cautivo en su infinito e inaprensible misterio al que ella acunaba mirándome arrobada y complaciente.

Hubiera estado toda mi vida así, flotando, mecido por su aliento lunar, deslumbrado por su belleza irresistible.

Nana-ina tendió una escalera de plata y bajé a su jardín secreto en cuyo estanque flotaban multicolores nenúfares y rumoreaba una fuente de agua cristalina.

- Estaba escrito desde su creación que el Reino de Granada nunca dejaría de existir. Su Poder y Esplendor, su Espíritu y su Magia siguen vivos y se perpetuarán a través de mí. Un desconocido e imperioso Azar propiciará que tu destino y el mío sean un solo destino. Mi madre, la luna, te escogió para mí y te trajo a mi lado esta noche que luce más hermosa que nunca.

- Tu nombre a partir de ahora será Pasq-Al-Kalar, el Preferido de la Luna.

Bebe el agua de esa fuente y te perpetuarás para siempre conmigo. Cada noche la Granada que me vio nacer cobrará vida para los dos y contemplarás tanta magnificencia que no darás crédito a lo que verán tus ojos. Serás mi amado Sultán y yo tu único Harén, tu Princesa Nazarí, la ambrosía que endulzará tu corazón, la luna que brillará sólo para ti y te conducirá al más recóndito y bello lugar del Universo, a donde jamás hombre alguno llegará.

Estaba tan absorto contemplándola que ni siquiera oía sus palabras. Ella me tomó suavemente de la mano y me condujo a la fuentecilla de agua fresca.

- Si tu pasión por mi es como el anhelo que me haces sentir en lo más profundo de mi ser, la luna bendecirá indulgente y gozosa nuestra eterna unión.

Entonces, como una flor que abre sus pétalos, cada una de sus palabras fueron cobrando sentido en mi mente.

¿Era verdad todo cuanto me estaba sucediendo, estaba frente a la última Princesa Nazarí, la mujer más hermosa que mente humana podría concebir? Sus ojos negros me tenían preso de un hechizo del que me era imposible escapar. Mi mente, mi razón, mi inteligencia, me dictaban las leyes de la cordura.

Por el contrario, mi corazón era como el de un niño que volaba cual mariposa atraída por los infinitos colores de un encantamiento que me deslumbraba y me guiaba sin remisión hacia el inalcanzable horizonte de lo desconocido.

Bebí de la fuente y sacié mi sed de quimeras, de ensueños, de misterios por descubrir, de fantasías, de abismos sin final,

No dejé de beber hasta que sus ojos negros me dieron una tregua y sólo me dio tiempo a despedirme del hombre que antes fui.."

Tags:   PRINCESA NAZARI. MUSULMAN. ALHAMBRA. VISTAS. VENTANA. RELATO. CHICA. RETRATO. ALBAICIN. VISTAS. ANDALUCIA. GRANADA. PRINCESS PORTRAIT. VIEW. WINDOW

N 237 B 9.4K C 301 E Dec 2, 2019 F Jan 17, 2020
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Un relato de Pascual para deitar y abrazar el corazón...:

LLEGÓ EL FRÍO
Quedó atrás la luminosa primavera, el gozoso verano, el romántico otoño. Llegó el crudo invierno a mi corazón. Porque ya no estás.
Te fuiste un día despuntando el alba. No sé con quién ni por qué.
Sólo quedaron las margaritas, tu flor preferida.
Permanece parado el reloj de mi existir; ya no sale el sol por las mañanas para mi; sólo hay noches inquietas, pobladas de recuerdos, de vivencias, de un pensar que me vuelve loco.
Miro tu retrato y parece como que estás todavía aquí; tus ojos almendrados posados en mi mientras alborotaba tu pelo, el timbre dulce de tu voz sonando a música en mis oídos.
Pero es un cruel espejismo; hasta el aroma de mujer que llenaba la casa ha huido para siempre.
Perdió mi piel los caminos de tu piel; mis manos vuelven a ser manos y ya no son emisarias de caricias, de roces tiernos; mis labios están cerrados para siempre a la sensualidad de los tuyos, me quedé sin esos besos que eran antesala de gozosas nirvanas, de perder el sentido noche y día.
Todo es un esperar no sé qué. No volverás. O si. No lo sé. Y si lo haces ..¿qué me dirás?
-Salí a dar una vuelta
-Me agobié de ti.
-Se me olvidó algo.
Y yo seré tan cándido que me pondré contento y te sonreiré, como si no hubiera pasado nada. No montaré en cólera, ¿para qué? Te diré tal vez…
- ¿Has vuelto para quedarte de nuevo, cariño mío?
Aunque me temo que nada de esto sucederá. Ha pasado ya mucho tiempo.
Doloroso tiempo en cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo…
Un día bebí en tu vaso, con la vana quimera de hallar la tibieza de tu boca en el insulso cristal, como si algún resquicio de ella permaneciera todavía para hacerme sentir el ya lejano sabor de tus labios.
Me desespera mirar tantas veces tu fotografía, ajustándote la bufanda al cuello por el frío, pero es que no lo puedo evitar. Ése día fuimos a la cabaña que alquilamos en la sierra. Encendimos fuego sin tener idea, pusimos la parrilla y echamos de todo. Estábamos alborozados, parecíamos críos que descubrían algo por primera vez. Salió todo medio quemado pero no importó. Era nuestro primer aniversario juntos y todo nos parecía de color de rosa. Me sentía muy feliz.
Aunque ahora pienso si lo fuiste también tú. Al poco, te cambió el humor, nada de lo que yo hacía te parecía bien. Los momentos dulces se fueron espaciando poco a poco hasta prácticamente desaparecer.
La casa se convirtió en un lugar opresivo, nos movíamos como dos extraños, escatimando palabras, gestos, cualquier señal que indicara que conocíamos la existencia del otro.
No sabía qué decirte. O no lo intenté siquiera. Tal vez debí darme cuenta a tiempo de que algo no marchaba bien, rectificar si es que estaba en mi mano enmendar esa lacerante situación. Pero tu rostro no invitaba a arriesgarme a mejorar la situación, esa es la verdad.
Y fue pasando el tiempo. Hasta que un día descubrí que te habías ido. ¿Adónde te fuiste? ¿Con quién? Me gustaría saberlo. Si la culpa fue tuya o fue mía. O tal vez de ninguno de los dos.
Cuando riego tus margaritas las veo cada vez más hermosas y lozanas. Se han expandido por toda la terraza. Te volverías loca ahora mismo si las vieras, es todo un espectáculo contemplar tal cantidad y tamaño de tu flor preferida.
En algún momento de melancolía estuve tentado de deshojar una de ellas.
Sí volverá. No volverá. Sí volverá. No volverá. Tuve miedo de que saliera No. De que en un arranque de los míos me diera por deshojarlas todas. Y que, para mi desgracia, con el último pétalo perdiese definitivamente la esperanza de tu vuelta con un rotundo NO.
Quizá, pienso por darme ánimos, se mantienen así porque vas a volver y quieren darte la gran sorpresa cuando las veas.
Por eso las riego cada mañana, las abono, hasta les habló de ti. Les digo que volverás. Que abrirás la puerta de casa y sonriendo me abrazarás y me dirás que me has echado mucho de menos, que me quieres más que nunca.
Y tus margaritas, todas a una, me dicen que sí, que no pierda nunca la Esperanza….

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N 223 B 3.6K C 85 E Jun 14, 2019 F Jul 3, 2019
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La primavera se resistió a pasar de largo, aquellos dias, aquel año. Fué trepandome los labios hasta llegar a los ojos cerrados y encerrados. Supe de su cosquilleo de brotes juguetones , y al echar raices en mis sienes, me dí cuenta , que nadie , ni nada ,podría cancelarla. Que ya se había propagado desde los balcones a las calles. youtu.be/WUUJLdB0d90

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N 991 B 104.1K C 569 E May 5, 2013 F May 16, 2019
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♬ La cancion de la princesa de la Alhambra

..............y vivir escondida en la Alhambra.......;-)

Tags:   PRINCESA NAZARI ALHAMBRA CARMEN MARTIRES CONTRALUZ MORENA CHICA VESTIDO TRANSPARENCIAS TACONES GIRL PRINCESS LIGHT GRANADA ANDALUCIA BELLEZA

N 885 B 103.5K C 568 E Apr 14, 2013 F Oct 18, 2018
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♬ me cuesta tanto olvidarte.....

Esa luz que me ha regalado Angel bones_herbes Gracias!!!!!!!!

Tags:   PAOLA CHICA MELENA PASEO TRISTES ALBAICIN ALHAMBRA GRANADA ESPALDA SENTADA DARRO SOLA ALONE GIRL LIGHT SPRING PRIMAVERA


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