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User / SINDO MOSTEIRO / Sets / Manolo Paz
Sindo Mosteiro / 7 items

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As tres vieiras que se fincaron á beira do mar, diante da casa do Concello de Cambados, ocupan o que noutro tempo foi o parque infantil onde os nenos do meu tempo enredabamos no noso deambular despreocupado. Nese lugar había unha randeeira que adoitaba ser o lugar idóneo onde demostrar a valentía dos rapaces. Eu xa vin partir dentes e rabuñadas a moreas nos saltos que se daban desde elas, entre eles o meu veciño daquela, Roberto, que bateu o récord de distancia aterrando coa cara (vaia estropicio).
En canto a Manolo Paz, hoxe en día recoñecido coma un dos mellores escultores galegos contemporáneos, académico na coruñesa Academia de Belas Artes, e autor de iconas imprescindibles do tipo dos menhires da Coruña, é un cambadés de Castrelo, nacido no 1957, e o seu xeito de traballar sempre estivo ligado directamente co material que acomete, procurando poñer de manifesto as súas características naturais coa súa intervención. A súa formación como canteiro foi un paso necesario para chegar aos segredos do material que había de ser o fundamental da súa carreira, a pedra. Naqueles primeiros tempos, cando eu aínda era un neno, adoitaba coincidir con el no taller de Lino Silva, veciño meu, co que pasaba moitas tardes admirado co seu traballo no lenzo ou apañando bichos e obxectos extravagantes nos montes para a súa colección. Lembro que un día me puxeron unha tarefa, supoño que para me teren ocupado, e debía facer un debuxo o mellor posible dunha maternidade que Manolo estaba a modelar en barro. Seguramente foi o meu primeiro debuxo en gran formato e probablemente xa me vía eu coma outro artista máis entre dúas persoas que sempre admirei polo seu traballo. Desde aquí quero lembrar, xonto con Manolo Paz, a Lino Silva, agora nun momento complicado, internado nun hospital tras un accidente que o mantén lonxe da vida bohemia, da moto que malamente o levaba aos furanchos, e dos seus queridos lenzos e pinceis. Ánimo, Lino.

MÚSICA: Anxo Lorenzo - Tirán
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EL LENGUAJE DE LAS PIEDRAS


Cómo hacer hablar a las piedras. El sueño ancestral de dar vida a lo inanimado, de establecer un diálogo con lo inerte, a cuyo seno ha de retornar inevitablemente el ser humano al término de su vida, constituye una de las fantasías más persistentes de la imaginación colectiva. En la obra del escultor gallego Manolo Paz ese sueño alcanza una formulación casi musical en su juego con la escala, el volumen y la repetición de las formas.

Aunque en sus inicios Paz produjo collages y piezas de madera, y aunque últimamente ha realizado obras con rejas metálicas pintadas, lo que mejor define su talante artístico es su trabajo con la piedra. Con las piedras, en sus diversas modulaciones: piedras autóctonas de Galicia, cuarcitas y, sobre todo, granito de distintas cualidades, Paz establece un diálogo íntimo que sorprende y emociona por la intensidad de sus resultados.
Se trata, dice el propio Paz, de "tener fe en la piedra", de dejar "que hable por sí, por ella". De "darle un machetazo, abrirla en canal, y que surjan los misterios, la energía que lleva dentro". Entre piedra y hombre se establece una relación agónica, una lucha, que es en si misma un acto de amor. A la piedra hay que darle "muy fuerte", porque si le das "despacio" rebota el puntero. "La única manera de entrar en la piedra es asustarla", advierte Manolo Paz, "porque si no, te asusta ella a ti".

Su trabajo con las piedras es enteramente personal: manual, corporal, y por ello, mental. El martillo y el cincel estructuran un orden que, junto con los diversos grados de pulimento y la aceptación de su estructura en bruto, natural, hacen brotar la forma en la piedra. En todo caso, aun desvelando su entraña más íntima, para este escultor-artífice las piedras siguen llevando la piel del lugar donde nacieron, a diferencia de lo que sucede con los animales cuando son sacrificados y despojados de su piel para convertirse en comida.

La metáfora de la piedra como alimento es central en el universo estético de Manolo Paz, para quien las grandes moles de granito, de más de ciento veinte toneladas de peso, son "barras de pan" difíciles de encontrar. A las que hay que romper para darles vida. Son, indica, "curiosidades de la naturaleza". A las que, con su trabajo de talla y pulimento, el escultor da distintas temperaturas: caliente o frío. De las que hace brotar la energía que se esconde en su interior.

Estamos así, corno sucedía con el gran pionero de la escultura de nuestro tiempo, Constantin Brancusi, en una dinámica plástica que encuentra su fundamento en la voluntad de dejar hablar libremente a los propios materiales. Y que, a la vez, como en el gran maestro rumano, remite a los usos más primigenios, ancestrales, de la escultura: escultores o herreros, forjádores de los suelos de la humanidad, artífices de la transformación humana de los materiales de la madre tierra.
En Paz, ese hálito remoto remite al trabajo tradicional de los canteiros, quienes, "al tener las manos ocupadas, tenían la mente descansada. Así discurrían tanto". Mientras los brazos y el cuerpo entero trabajan, la mente queda libre para elevarso a los espacios más elevados del espíritu, y así encontrar la forma.

Esa forma, que no es figurativa en un sentido primario o superficial en las obras de Manolo Paz, conduce a ese reflejo del espíritu que el hombre sabio, sobre todo en las culturas tradicionales, cree encontrar en la naturaleza. Allí, en la naturaleza, el escultor muestra al hombre cómo intervenir en los materiales, sin destruirlos, intensificando su armonía, haciendo que cobren vida. Estableciendo a través de la obra una "alianza" del ser humano con la naturaleza.
La obra de Manolo Paz resultaría, sin embargo, anacrónica si todo en ella remitiera al espíritu y las técnicas tradicionales de la escultura. En este mundo de sincretismos voraces, lo realmente decisivo es su capacidad para saber integrar esa remisión ancestral al lenguaje de la madre tierra, de las formas de la naturaleza, con una actualización continua de la representación geométrica, de seguir dando vida a la piedra en un mundo tecnológico, de materiales producidos artificialmente.

Eso es lo que da una auténtica consistencia y futuro a su trabajo, la manera en que integra lo viejo, lo ancestral, con lo nuevo. Paz crea un bosque de menhires, esas piezas monolíticas clavadas en el suelo, que nos remite directamente al Neolítico de la humanidad, a las raíces más remotas de nuestros sueños de verticalidad, de elevación. Pero, a la vez, inscribe en ellos, en sus menhires, el signo constructivo, geométrico, de una ventana abierta por la que se desliza nuestro titubeante ojo moderno.
Para Manolo Paz, esa ventana es, una vez más, una apertura en la piedra. Se trata de abrir las piedras, de abrirlas para que puedan ver, porque si no, estarían a oscuras. Y, efectivamente, cuando uno las contempla en su prado de Quintáns, alineadas frente al mar, alcanza a comprender cómo el sentido último de esos menhires, como el de todas las demás piedras celosa e íntimamente configuradas, sólo se percibe a través de su Integración con el paisaje. Con el verde ancestral que nutre la tierra gallega, con el mar que pone un limite preciso al horizonte dibujado en la ventana del menhir.

Esos cuerpos de piedra se identifican con cuerpos humanos. Viven en sí, pero nosotros vivimos en ellos. En su cabeza, en su estómago, en sus extremidades hundidas en la tierra. En la obra de Manolo Paz alienta un sentido de recuperación de la memoria más remota de la humanidad: "Con tanta información, nos están borrando la memoria". Pero se trata de una recuperación que proyecta su dardo hacia el futuro. Hacia el reencuentro del ser humano con la naturaleza, a la que pertenece, pasando a través de los senderos de ese nuevo laberinto que es la tecnología. Las piedras hablan.

JOSÉ JIMENEZ

MÚSICA: Creedence Clearwater Revival - Lookin' Out My Back Door
youtu.be/Aae_RHRptRg

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(...)
Aunque en sus inicios Paz produjo collages y piezas de madera, y aunque últimamente ha realizado obras con rejas metálicas pintadas, lo que mejor define su talante artístico es su trabajo con la piedra. Siempre trabaja con material autóctono, sobre todo cuarcitas y granito de distintas cualidades que se adapta como un guante a los intereses creativos de Paz.
(...) El artista explica que la dimensión de la obra es uno de los aspectos que debe tener muy en cuenta el escultor ya que "si el tamaño es excesivo la pieza deja de ser escultura y se convierte en arquitectura". "Hago esculturas porque quiero hablarle directamente al corazón del espectador", dice.(...) A pesar del gran peso de la pieza, Paz ha conseguido dotar al granito de una sensación de ingravidez (...).

José Luis Estévez, El País, 5/12/2007.

MÚSICA: Federico Albanese - Migrants
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Manolo Paz

Henry Moore distinguía entre belleza y poder de la expresión, entre la escultura que nace con el fin de cautivar los sentidos y la que contiene una longevidad espiritual, una energía interior que sí permanece inherente a las obras de Manolo Paz (Cambados, Pontevedra, 1957), sin importar la representación buscada por el propio objeto. Son las de Paz unas obras de clara conciencia antropológica, que fusionan su condición galaica con las formas hoy tradicionales de la escultura contemporánea. Los materiales gestados por la tierra, como el ancestral granito que lo relacionan con la cultura castreña y el megalitismo, retornan como pródigos descendientes educados por las manos artísticas a su lugar original, lo que le lleva en muchos casos a eliminar el pedestal para recuperar el contacto con el suelo, volviendo a la posición natural de la roca.
Su mundo es un poético juego de oposiciones y contrastes, la nada y después el todo, la luz y tras ella la sombra, el primitivismo y vistiéndolo la factura, el finito que matiza el infinito, un ecléctico universo de estudios materiales que lo acercan a figuras como Röckrein, Werthmann, Falkensteln o Noguchi, conceptualizando paulatinamente su trabajo en el terreno de lo compositivo.
(...)
Manolo Paz invade el espacio rítmicamente o mejor, armónicamente, creando así un paisaje de luz y sombra, centrípeto, lleno y, a la vez, vacío.

David Barro, El Cultural de El Mundo (28/11/1999).

MÚSICA: Janis Joplin - Kozmic Blues.
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N 6 B 467 C 2 E Aug 1, 1998 F Sep 29, 2017
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Fotografía tomada cunha Sony Digital Mavica MVC-FD7 en agosto de 1998.

Su obra tiene más éxito fuera de Galicia que aquí. ¿A qué se debe?

R. Sí, la verdad es que veo que la gente de fuera entiende mejor mi obra que los propios gallegos. Tal vez es porque aquí no apreciamos el material, la gente ve el granito como una piedra más y no le da importancia. Mis piezas las han entendido y apreciado en una sociedad tradicional como la japonesa y también en una industrial como la estadounidense. Lo que pienso es que para ser gallego no hay que esculpir un gaiteiro. ¿No es así? El arte tiene que tener vocación internacional porque no necesita un idioma concreto para ser transmitido.

Entrevista de José Luis Estévez a Manolo Paz, El País, 8/11/2011

MÚSICA: Nils Frahm - Corn
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